‘ÉLITE’: Análisis de la primera temporada

[Este artículo contiene spoilers de toda la temporada primera de ‘Élite’].

El pasado viernes 5 de octubre, se estrenó en Netflix la serie española ‘Élite’. En esta serie acompañamos a un grupo de jóvenes, todos diferentes entre sí, durante sus vivencias en el instituto ‘Las Encinas’, un centro de enseñanza al que acuden los hijos de personas realmente poderosas y adineradas, es decir, la “élite”.

El instituto concede tres becas a alumnos de recursos más limitados: Samuel (Itzan Escamilla), Nadia (Mina El Hammani) y Christian (Miguel Herrán), y ahí es donde empieza a desarrollarse la historia.

Si bien, la serie va alternando el pasado, que abarca gran parte del capítulo, y el presente, que suelen ser los 3 o 4 minutos finales de cada uno. Desde el principio se nos enseña que Marina (María Pedraza) ha sido asesinada, y que el arma homicida ha sido un trofeo, el trofeo de fin de curso para estudiar en la High School de Florida (EEUU).

A todo fan de ‘How to Get Away With Murder’ (‘Cómo defender a un asesino’, en castellano) le han resultado familiares estas peculiaridades, ya que nos recuerdan, para bien, a la estructura que por norma general rige en cada temporada de esta serie. De igual modo, en la primera temporada de ‘HTGAWM’ es un trofeo al mejor estudiante el que es utilizado para matar a Sam, el esposo de Annalise Keating.

No es algo que critiquemos, ya que nos ha agradado que la serie estuviera estructurada de esta forma. Nos invita a disfrutar cada capítulo y los acontecimientos, a poner en duda a todos y cada uno de los personajes, y a no estar pensando únicamente en el final de la temporada. Todo ello aderezado con una música que nos ha gustado y que está a la orden del día, como las voces de Rosalía y Santi Balmes.

En esta entrega de ‘Elite’ se abordan numerosos temas que pueden formar parte de la vida de cualquier persona, y en concreto, de cualquier adolescente. Así, por ejemplo, Marina tiene VIH, y nos ha parecido adecuado que muestren a los espectadores que cualquier persona puede verse afectada por una enfermedad de transmisión sexual, especialmente los jóvenes.

La ficción nos muestra cómo se estigmatiza la enfermedad (por ejemplo, Samuel no sabe cómo reaccionar cuando ella le revela que tiene VIH) y nos enseña cómo se trata a Marina en un principio, cuando Nadia, al leer el móvil de Samuel, desvela por error en clase que ella tiene VIH. Las caras de sus compañeros eran totalmente prejuiciosas y en ellas se podía ver cómo la miraban como si fuese una apestada. Seguro que más de un espectador se ha sorprendido a sí mismo con estos prejuicios, y es algo que le ha hecho reflexionar. Además, Marina es cargada con la responsabilidad continuamente, tanto por sus padres como por su hermano Guzmán (Miguel Bernardeau), por haberse relacionado con Pablo, el chico que la contagió.

A este asunto se une el embarazo no deseado de Marina, un tema también candente en las series de este género. La duda entre seguir adelante con el embarazo o abortar es algo que ronda su cabeza. Sus padres, cuando se enteran, al saber quién es el padre, quieren que aborte a toda costa, ya no solo porque no sea un empresario multimillonario de la élite, sino por guardar las apariencias.

El hecho de guardar las apariencias se encuentra presente en numerosos momentos de la serie. Por ejemplo, Polo (Álvaro Rico) y Carla (Ester Expósito) aparentan todo el rato ser la pareja perfecta, que lleva desde los 12 años saliendo. Incluso ellos mismos lo dicen durante una reconciliación: “somos Carla y Polo”, lo que vendría a decir que son el prototipo perfecto de pareja de la élite, ambos de buena familia. Nada más lejos de la realidad, ya que nada los une, excepto Christian, con el que tienen relaciones sexuales varias veces a lo largo de la trama para recuperar la chispa.

Si hay algo palpable en cada minuto, eso es la discriminación por “clases sociales”, un tema presente en toda la ficción, siendo prácticamente el eje central, de ahí el nombre de la serie. Lo podemos ver reflejado en cada uno de los capítulos. Desde el principio, Samuel, Nadia y Christian son tratados como seres inferiores. El resto se siente superior a ellos, un valor aprendido de sus padres: tan solo hay que ver la vergüenza que sienten los padres de Marina al saber que está embarazada de Nano (Jaime Lorente), o las palabras de Carla a Christian en el último capítulo:

“Querías ser mi novio, uno de los nuestros, que te trate como un igual. Pues entonces debes saber que entre nosotros, siempre, siempre nos protegemos, como ha hecho Polo. ¿Quieres tu película Disney? Porque se te acaba de presentar la oportunidad de tu vida. Aprovéchala.”

Estas palabras de Carla nos dejan ver cómo para nada ve a Christian como un igual, sino que lo está utilizando. Nos ha parecido el personaje más frívolo, y bravo a la actriz Ester Expósito por su interpretación. Carla es capaz de hacer lo que sea y encubrir a Polo con tal de que nada salga a la luz y así seguir manteniendo su estatus económico y social. Casi da miedo cuando le devuelve el reloj a su padre y le dice “Ya se acabó todo. Vamos, que han hecho tortitas, y están para chuparse los dedos”.

Nos deja entrever así una psicopatía en Carla, o al menos, unos rasgos psicopáticos muy marcados. Sin nada de empatía, sin importar a la gente que te lleves por delante con tal de conseguir tus objetivos.

Relacionado con conseguir objetivos tenemos a Lucrecia (Danna Paola), que nos enseña hasta donde pueden llegar las inseguridades. Lucrecia es una chica que aparentemente lo tiene todo. Sin embargo, le falta algo de lo más importante: la autoestima y la seguridad en sí misma. Por eso, no duda en chantajear a su profesor para así conseguir ser la primera de la clase y hacerse con la beca de Florida, a pesar de que ella podría costearse de sobra los estudios en EEUU. Esto también se pone de manifiesto en su esfuerzo por hacer sufrir a Nadia, cuando le pide a Guzmán que se ría de ella, porque realmente ella la envidia.

Otro tema que aborda es la búsqueda de un camino propio en contraposición a lo que los padres desean para sus hijos. Esto lo podemos ver reflejado en dos personajes: Nadia y Ander (Arón Piper). Nadia es obligada, según las normas del centro, a asistir sin hijab a la escuela, así que finalmente cede, ante la advertencia de expulsión de la directora. Además, comienza a relacionarse con Guzmán, y ambos acaban enamorándose.

El padre de Nadia es consciente de estos hechos y decide que no siga los estudios en la escuela, así que la directora, a petición de Guzmán, habla con el padre de Nadia, para convencerle de que la deje continuar sus estudios en el centro. Finalmente, Nadia es sacada prácticamente a rastras de la escuela. El padre de Nadia pretende imponerle un modo de vida porque piensa que es lo mejor para su hija, todo ello alimentado por el miedo a que suceda lo mismo que con su otra hija, que abandonó el hogar a los 18 años. Pero ella finalmente deja claro que es la responsable de su propio camino y de ser quien ella decida.

Algo parecido sucede con Ander. Toda la vida ha sido jugador de tenis y se ha formado para ser un profesional, y su padre quiere que tenga una brillante carrera. Sin embargo, él no está contento con el tenis, es algo que no le llena y siente que no le permite ser él mismo. Lo habla con Omar (Omar Ayuso), pero no se lo dice a su padre hasta el último capítulo de la temporada, tras la muerte de Marina. Esto nos demuestra que se ha dado cuenta que la vida es demasiado corta a veces para hacer algo que no te gusta, y que cada uno debe tomar sus propias decisiones.

Un tema que por excelencia aparece en las series de temática adolescente es el consumo de drogas, y ‘Élite’ no iba a ser menos. En la serie, Omar trafica con drogas para conseguir algo de dinero, y le vende a Marina y Ander, principalmente. Así, observamos la dependencia que empieza a desarrollar Ander, todo ello con el objetivo de escapar de lo que siente, el miedo a confesarle a sus padres que es homosexual, la presión por parte de su padre para seguir con el tenis, y los problemas que tiene con Omar. Más de lo mismo podemos ver en Marina, que termina por desvanecerse en el baño después de haber consumido cannabis, lo que hace que la directora se entere.

Los problemas de Omar con Ander se producen en gran parte por el miedo de Omar a confesarle a su padre que es homosexual. Sabe que su padre lo va a considerar “un invertido”, y se siente frustrado ante el matrimonio que quiere organizarle con otra chica musulmana. Por esta homofobia tampoco quiere Ander salir del armario, algo que no nos extraña nada ante los pequeños comentarios homofóbicos de Christian (“tengo un amigo gay y es un crack”), Guzmán (“yo os doy mi aprobación”, cuando están en el restaurante), y su padre (cuando insinúa una especie de campaña de marketing conjunta entre su homosexualidad y el tenis, y le dice “puedes ser el primer gay que gane el Roland Garros”).

En general, la serie nos ha gustado muchísimo. El elenco no podría haber estado mejor, y la estructura de los capítulos nos hacía engancharnos más y más. Lo único que nos entristece es tener que esperar para ver qué pasa en la segunda temporada, tras ser acusado Nano del asesinato de Marina. ¿Christian seguirá callado? ¿Samuel perdonará a Nano? ¿Guzmán y Nadia volverán a relacionarse? ¿Podrá demostrar Nano que él no ha matado a Marina y que hay archivos que no interesa que salgan a la luz?

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